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Artículo: Cómo se elabora un jamón ibérico de bellota, paso a paso

Cómo se elabora un jamón ibérico de bellota, paso a paso

Cómo se elabora un jamón ibérico de bellota, paso a paso

Entre el día en que una pieza entra en la sal y el día en que sale de la bodega pasan de dos a cuatro años. Esto es lo que le ocurre al jamón durante ese tiempo, por orden y sin jerga — y lo que la norma española regula de verdad, que es bastante menos de lo que se cree.

Lo esencial

La norma española solo conoce cuatro fases: salazón, lavado, post-salado y curado-maduración. Ni el secadero ni la bodega están entre ellas. Son palabras de oficio, no de ley.

  • El contador arranca el día de entrada en salazón, y esa semana queda estampada en la pieza.
  • 730 días como mínimo para un jamón de 7 kg o más, 600 días por debajo, 365 días para una paleta.
  • El «un día por kilo» solo es norma en una denominación de cuatro. En las demás es una referencia.
  • Ningún pliego fija temperatura ni humedad para el secadero ni para la bodega. Lo decide el saber hacer del elaborador.
  • El sabor se fabrica durante la maduración, cuando las enzimas de la carne van cortando lentamente las proteínas y las grasas.

De dónde viene esta información

Las reglas que se citan aquí vienen de textos públicos: la norma de calidad del jamón ibérico y los cuatro pliegos de condiciones de las denominaciones de origen, todos listados al final junto con los trabajos publicados de donde salen los pasajes de biología. Seleccionamos nuestras piezas allí, en Salamanca, y conocemos a quien las elabora: la última sección dice lo que sabemos de su trabajo, y se detiene donde empieza lo que ignoramos. El aprovechamiento de una pieza, su merma, la temperatura ideal de una bodega: son cifras que circulan por todas partes y se sostienen mal, más abajo decimos de dónde salen. Y vendemos jamón ibérico: conviene que lo sepa antes de leer lo que sigue.

Cuatro fases, y dos palabras que no están

La ley española divide la elaboración en cuatro fases, y las nombra. El artículo 11 de la norma de calidad enumera: salazón, lavado, post-salado y curado-maduración.

Lo llamativo es lo que falta. Secadero y bodega, las dos palabras con las que todo el mundo cuenta el jamón, no aparecen en la lista legal. Están fundidas en la cuarta fase. Son palabras de oficio, muy reales y muy útiles, pero no son categorías de la norma.

El lavado, en cambio, es una fase de pleno derecho de la que casi nadie habla. Y tiene su lógica: después de la sal hay que retirar la que queda pegada en la superficie, o la pieza sala donde no debe.

La fase Qué ocurre Cuánto dura
Salazón Las piezas se apilan y se cubren de sal, en frío. La sal tira del agua hacia fuera. De unos días a tres semanas, según el peso
Lavado Se retira con agua templada la sal adherida y se moldea la pieza. Unas horas
Post-salado En cámara fría. La sal termina de atravesar el músculo y se va la humedad superficial. De uno a tres meses
Curado-maduración
secadero y bodega
La pieza se seca, la grasa funde entre las fibras, se fabrican los aromas. De un año a cuatro años

Las duraciones de esta tabla son órdenes de magnitud del oficio. Solo el tiempo total está regulado por ley, y a eso vamos.

La sal, y lo que tarda en atravesar

La salazón no es un aliño, es una deshidratación. Eso es lo que permite conservarlas sin frío, y por eso la fase es corta: bastan unos días para poner en marcha algo que luego tardará meses en repartirse.

Muchos obradores reutilizan la sal de salazones anteriores. No es tacañería: una sal que ya ha trabajado no actúa igual que una sal nueva, y esa diferencia se nota en la pieza.

Llega después el post-salado: no ocurre nada visible durante semanas, y sin embargo es el momento decisivo. Una pieza mal post-salada quedará salada por fuera y sosa por dentro, y ningún año de bodega arregla eso.

«Un día por kilo»: la regla que no lo es

Es la frase que se lee en todas partes sobre la salazón. Fuimos a los textos: de las cuatro denominaciones de origen del jamón ibérico, solo una la convierte en obligación. Los Pedroches escribe que el tiempo de salazón «debe estar entre 0,7 y 1,2 días por kg de peso».

Jabugo y Dehesa de Extremadura emplean ambas la fórmula «a modo orientativo». Guijuelo no la menciona, y la norma nacional tampoco. La referencia es buena, es incluso tan vieja como el oficio — pero presentada como regla, es falsa tres veces de cada cuatro. En la práctica el peso, la grasa y la temporada hacen variar el tiempo, y decide el salazonero.

El secadero, y después la bodega

Después de la cámara fría, las piezas suben de temperatura. Empieza el secado, y ocurre algo que se ve: la grasa de cobertura se ablanda y migra despacio hacia dentro, entre las fibras del músculo. Es lo que en el oficio se llama el sudado. Esa grasa infiltrada es la que dará la textura melosa, y por eso un cerdo magro no da un buen jamón — todo se decide mucho antes de la sal.

Es también aquí donde la ley se calla. Ninguno de los cuatro pliegos fija temperatura ni humedad para el secadero. Dos imponen una duración mínima, los otros dos no dicen nada. La fase más contada del oficio es la que el derecho no regula.

Tradicionalmente la regulación se hace a mano, abriendo y cerrando ventanas al ritmo del aire de fuera. Muchos obradores han añadido desde entonces un control mecánico de temperatura y humedad, lo que da secaderos mixtos: la ventilación natural sigue, la desviación se corrige. Es menos pintoresco y bastante más regular de un año para otro.

Cuando la pieza baja a bodega ya no seca mucho: se transforma. Las enzimas que están en el músculo del cerdo trabajan despacio, en frío, durante meses. Van cortando las proteínas en trozos cada vez más pequeños, y son esos trozos los que llevan ese fondo largo y salivante que no sabemos nombrar.

En paralelo, otras enzimas atacan las grasas. El dato contraintuitivo es que no es la grasa de cobertura la que hace el aroma, sino las grasas finas de las membranas celulares. Muy frágiles al aire, al degradarse producen los compuestos que olemos. En jamón ibérico se han llegado a identificar veintiocho.

Es también en esta fase cuando aparecen a veces puntos blancos en la loncha. No son sal ni moho: son cristales pequeños, señal de una maduración que ha llegado hasta el final. Le dedicamos un artículo entero.

Una observación de sentido común para cerrar la fase: una bodega no está climatizada al grado. En un proceso real de bellota, la temperatura ambiente medida oscila entre 15 y 25 °C según la estación. El jamón vive al ritmo del año, y es deliberado.

Lo que la norma exige de verdad

Reducida a lo esencial, la ley española regula tres cosas y deja abierto todo lo demás. Conviene saberlo al leer una etiqueta.

El asunto Lo que impone la norma Lo que deja abierto
El tiempo 730 días para un jamón de 7 kg o más, 600 días por debajo, 365 días para una paleta — contados desde el día de entrada en salazón El reparto entre fases
El peso 5,75 kg mínimo para un jamón 100 % ibérico terminado El peso de sacrificio del animal
La trazabilidad Un precinto numerado e inviolable, colocado en el matadero, de color distinto según la categoría
Las condiciones Nada Temperatura, humedad, ventilación, duración de cada fase

El control de los tiempos se hace sobre los registros del obrador. El único marcador físico en la pieza es la semana de entrada en salazón, estampada en el precinto.

Dos cifras que no le vamos a dar. La merma de una pieza durante la elaboración: el «30 a 35 %» que se lee por todas partes no sale de ninguna norma, y la única medida publicada sobre jamón ibérico da del 32 al 34 %. Y qué proporción de una pieza es aprovechable: ningún organismo público la publica, y los porcentajes que circulan salen todos de tiendas en línea.

En el obrador que elabora nuestras piezas

Nuestras piezas se elaboran en la provincia de Salamanca, sin denominación de origen. Es una elección que asumimos, y tiene una consecuencia concreta: se aplica solo la norma nacional. Impone los tiempos y la trazabilidad, y deja el ajuste a quien elabora.

La salazón sigue allí la referencia del día por kilo, con las desviaciones que impone la práctica: el peso, la grasa, la temporada. Trabajamos con alguien cuyo oficio es precisamente saber cuándo apartarse de ella, y no vamos a pretender saberlo mejor que él.

El secadero es mixto: ventilación natural, con control de temperatura y humedad. Preferimos decirlo antes que contar ventanas abiertas a mano, que quedaría más bonito. La pieza termina después en bodega, donde pasa los últimos años antes de ser clasificada.

En total, nuestros jamones de bellota salen entre los 44 y los 48 meses, y nuestras paletas entre los 32 y los 36. El mínimo legal es de 730 y 365 días: estamos muy por encima, y eso es lo que encarece una pieza entera.

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De cuarenta y cuatro a cuarenta y ocho meses de elaboración, de la entrada en sal a la salida de bodega. Siete a ocho kilos, precinto negro, numerado.

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Conclusión

Tiempo, frío, y después paciencia

El proceso cabe en poco: se quita el agua, se deja que la sal se reparta, y se espera a que las enzimas hagan el sabor. Todo lo demás es cuestión de ajuste, y es justo lo que la ley no dice. Fija un contador y un peso; la seriedad de un obrador se juzga en otra parte.

  1. Mire el precinto. Está numerado, se coloca en el matadero, y su color dice la categoría. Es el único marcador físico de la trazabilidad.
  2. Pregunte por el tiempo, no por el método. Un obrador que anuncia cuarenta y ocho meses inmoviliza su tesorería cuatro años. Dice más que una descripción de secadero.
  3. Desconfíe de las cifras redondas. Merma, aprovechamiento, temperatura de bodega: si van sin fuente, vienen de otra web.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en hacer un jamón ibérico?

La ley española impone 730 días para un jamón de 7 kg o más, 600 días por debajo, y 365 días para una paleta, contados desde el día de entrada en salazón. Es un suelo. Nuestras piezas de bellota salen entre los 44 y los 48 meses.

¿La salazón dura de verdad un día por kilo?

Es una buena referencia, no una regla general. De las cuatro denominaciones de origen del jamón ibérico, solo una la impone; dos la dan a título orientativo y la cuarta no la menciona. El peso, la grasa y la temporada hacen variar el tiempo.

¿Qué diferencia hay entre secadero y bodega?

En el secadero la pieza pierde agua y la grasa empieza a fundir entre las fibras. En bodega ya no seca mucho: desarrolla sus aromas, más despacio y a menor temperatura. La ley española, por su parte, no distingue las dos.

¿De dónde viene el sabor del jamón?

De las enzimas ya presentes en el músculo. Durante la maduración cortan las proteínas, y las grasas finas de las membranas producen los compuestos aromáticos.

¿Son normales los puntos blancos de la loncha?

Sí. Son cristales formados durante una maduración larga. No son sal ni moho.

Fuentes

Para seguir leyendo

Escrito por

Valentin y Pablo, fundadores de LOLO Jamón

Valentin y Pablo

Fundadores de LOLO Jamón

Importamos y distribuimos jamón y embutidos ibéricos. Visitamos la ganadería en cada estación y seleccionamos las piezas nosotros mismos.

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