
Las partes del jamón y de la paleta ibérica, zona por zona
Una pieza entera no sabe igual de un extremo al otro. Según por dónde pase el cuchillo, la loncha sale grasa o magra, tierna o seca, suave o claramente salina. Estas son las seis zonas, lo que las distingue y por cuál conviene empezar.
Lo esencial
La maza es la cara más carnosa y con más grasa infiltrada. La babilla, justo enfrente, es la más magra y la más seca. Casi todo lo demás se deduce de esas dos caras.
- No existe una nomenclatura oficial de estas zonas. Un real decreto de febrero de 2026 las nombra por primera vez, pero él mismo las califica de denominaciones de uso.
- Se empieza por la maza si la pieza se va a consumir rápido, y por la babilla si tiene que durar.
- En una paleta manda la escápula, y es lo que hace el corte más técnico.
- Ninguna fuente publicada da la proporción de hueso de una pieza. Aquí no encontrará ningún porcentaje.
De dónde salen estos datos
Los nombres de las zonas y los criterios de apreciación vienen del Real Decreto 84/2026, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 11 de febrero de 2026, que crea el curso de especialización en maestría de corte y cata. Las definiciones de las piezas y los pesos mínimos vienen del Real Decreto 4/2014, artículos 2 y 12. La regla de corte viene del manual de la Escuela Europea de Cortadores de Jamón.
El resto viene de nuestra práctica: cortamos piezas enteras todo el año. Lo señalamos cada vez que es el caso, porque en este tema concreto la frontera entre el texto oficial y el uso del oficio pasa por la mitad del artículo.
Lo que el decreto nombra, y lo que no define
Hasta 2026, ningún texto español nombraba las zonas de un jamón. Ni la norma de calidad del ibérico, ni los pliegos de las denominaciones de origen. El vocabulario circulaba de cortador en cortador, con variantes regionales que nadie había arbitrado nunca.
El decreto de febrero de 2026 cambia eso a medias. Pide al futuro titulado que identifique «las denominaciones más comunes» de las partes de la pieza, y las enumera: maza, babilla, punta, jarrete, contramaza, caña y pezuña. También nombra los huesos que el cuchillo va a encontrar. Pero no define ninguna de esas zonas, y la palabra «comunes» dice exactamente lo que son: un uso profesional, no una norma.
Las seis zonas
| Zona | Dónde está | Qué da |
|---|---|---|
| Maza | Cara trasera del muslo, con el hueso lejos de la superficie | La más carnosa y con más grasa infiltrada |
| Babilla | Cara delantera, entre el fémur y el hueso coxal | La más magra y la más seca, a menudo más salina |
| Contramaza | Franja estrecha que prolonga la maza | Poca carne, curación más avanzada |
| Punta | Extremo opuesto a la pezuña, a la altura de la cadera | Tenida por la más grasa y la más aromática |
| Jarrete | Entre la maza y la caña, alrededor de la tibia | Fibrosa y tendinosa, de sabor intenso |
| Caña | La parte más estrecha, junto a la pezuña | Muy poca carne, se saca en taquitos |
Nombres de las zonas: Real Decreto 84/2026, módulo 5158. Posiciones y perfiles: uso profesional y nuestra práctica de corte.
Las dos caras: maza y babilla
La maza es la cara trasera del muslo, la que lleva toda la masa de los músculos de la pierna. El fémur queda lejos de la superficie, lo que deja un grosor de carne considerable. Es la zona más jugosa, la mejor infiltrada de grasa y la que se seca más despacio. El decreto de 2026 la convierte de hecho en criterio de calidad visual: en una buena pieza, la maza está «homogénea y arropada de grasa».
La babilla es la cara opuesta, en la parte delantera del muslo. El fémur y el hueso coxal quedan cerca de la superficie, la capa de carne es fina y la cobertura de grasa más ligera. El mismo decreto la describe como «ligeramente arropada de grasa», por oposición a la maza. Pierde por tanto su agua más deprisa, se concentra en sal y da lonchas más cortas y más secas.
No es un defecto, es una geometría. La carne está más cerca del hueso y menos protegida, así que se cura antes. A muchos aficionados a las curaciones largas les gusta precisamente esa zona, más franca y más concentrada.
Tres cosas que se leen a menudo, y que son falsas
«La babilla es la parte más melosa.» Es justo al revés. Es la más magra y la más seca de las dos caras, y ninguna fuente, del decreto a los manuales de corte, dice otra cosa.
«La contramaza también se llama cadera.» No: cadera es otro nombre de la punta. El decreto de 2026 escribe «la zona baja de la punta o cadera».
«Estas zonas están definidas oficialmente.» Están oficialmente nombradas desde 2026, que no es lo mismo. Ningún texto fija sus límites.
Los extremos
La punta está en lo más alto de la pieza, en el extremo opuesto a la pezuña, a la altura de la cadera. El oficio la da por la zona más grasa y más aromática, y muchos cortadores la reservan para el final de un servicio. Compartimos esa opinión, pero la damos por lo que es: una observación de cata, no una medición.
En el otro extremo, el jarrete y la caña. La carne está atravesada de tendones y fibras, lo que hace imposible la loncha fina. De ahí salen los taquitos, para cocinar o para picar, y el hueso que queda después da un caldo excelente.
En cuanto a la contramaza, es la zona cuyo nombre más baila. Algunos cortadores ven en ella una franja estrecha que prolonga la maza al otro lado del hueso de la cadera; otros usan la palabra como simple sinónimo de babilla. El decreto cita ambos términos en la misma lista sin decidir entre ellos. No se extrañe, pues, de encontrar dos definiciones según la fuente: la ambigüedad es real, y no es culpa suya.
Por qué cara empezar
Ningún texto lo impone. El decreto de 2026 solo pide al futuro maestro cortador que sepa elegir entre la maza y la babilla, lo que equivale a reconocer que la elección se razona.
La regla que se enseña en las escuelas de corte es sencilla. Para una pieza que va a salir rápido, una comida familiar o un evento, se empieza por la maza: es la más generosa, da las mejores lonchas, y más vale servirlas. Para una pieza que se va a empezar y consumir durante meses, se empieza por la babilla.
La razón cabe en una frase: la babilla se seca antes. Dejarla para el final es encontrársela dura a los tres meses. La maza, más grasa, aguanta mucho mejor la espera.
Dicho esto, parte del oficio discute la regla y sostiene que el secado depende sobre todo del cuidado de la pieza: volver a colocar la grasa de cobertura después de cada servicio, tapar y cortar con regularidad. Ambas posturas se defienden. Nosotros seguimos la regla, y cuidamos la pieza igualmente. El detalle del material y de la conservación está en nuestra guía de compra y en nuestro artículo sobre la conservación después de abrir.
Y en una paleta
Circulan los mismos nombres, pero ningún texto los menciona para la paleta: ahí estamos por completo en el uso del oficio. Los cortadores hablan de maza y de contramaza con los mismos principios, con la misma lógica de cara carnosa y cara magra.
Lo que cambia de verdad es el hueso. El jamón está construido en torno a huesos largos y alineados. La paleta se articula sobre la escápula, un hueso ancho y plano atravesado por una cresta saliente, la espina escapular, que parte en dos la zona de corte. No se rodea: se sigue su forma, se marca la pared del hueso y luego se recupera aparte la carne alojada en el hueco. Eso es lo que hace la paleta más técnica y su rendimiento más bajo.
Todo lo que separa a ambas piezas más allá de la anatomía — el peso, la duración de curación, el perfil en boca — lo tratamos en nuestra comparativa entre jamón y paleta.
Los pesos, y lo que no podemos decirle
Nuestros jamones enteros pesan de 7 a 8 kg, y nuestras paletas de 4 a 5 kg. La normativa, por su parte, fija suelos: un jamón 100 % ibérico no puede venderse como tal por debajo de 5,75 kg, y una paleta 100 % ibérica por debajo de 3,7 kg. Son umbrales de etiquetado, no pesos medios.
En cambio, por todas partes leerá porcentajes de hueso y de rendimiento. Nosotros no daremos ninguno. Hemos buscado una fuente publicada sobre la proporción de hueso de un jamón o de una paleta, en los textos oficiales, en los pliegos y en la literatura técnica. No la hay. Las únicas cifras que circulan salen de foros profesionales donde se dan de memoria, y se desmienten en el propio hilo.
Lo que sí es cierto y se comprueba: una paleta tiene proporcionalmente más hueso y más tendones para menos carne que un jamón. Sacará menos lonchas a igual peso. Cuántas menos, nadie lo sabe con la precisión que un porcentaje da a entender.
Conclusión
Una pieza, seis sabores
Es la razón por la que una pieza entera no se compara del todo con un sobre. A lo largo de varios meses da sucesivamente lonchas magras y concentradas, después anchas y melosas, después claramente grasas, y al final taquitos para cocinar. El mismo animal, el mismo perfil, y cuatro productos distintos.
Si va a empezar su primera pieza, quédese solo con esto: localice la cara más ancha, esa es la maza. Decida si la pieza tiene que durar. Y corte con regularidad, que es lo que mejor la conserva.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor parte de un jamón ibérico?
La maza es la más carnosa y la mejor infiltrada de grasa, y es la que la mayoría de cortadores sirve primero. Pero la punta es más aromática, y la babilla más concentrada. No hay una mejor parte: hay perfiles distintos dentro de la misma pieza.
¿Es la babilla la parte más grasa?
No, es al revés. La babilla es la cara delantera, donde el fémur y el hueso coxal quedan cerca de la superficie: menos carne, menos grasa de cobertura y un secado más rápido. El real decreto de febrero de 2026 la describe como «ligeramente arropada de grasa», frente a la maza que está «arropada».
¿Por qué cara hay que empezar a cortar?
Por la maza si la pieza se va a consumir rápido, y por la babilla si tiene que durar varios meses. La babilla se seca antes: dejarla para el final es arriesgarse a encontrarla dura. Ningún texto oficial lo impone, es la regla que se enseña en las escuelas de corte.
¿Qué se hace con el jarrete y el hueso?
El jarrete y la caña son demasiado fibrosos para la loncha fina. Se sacan en taquitos, para cocinar o para picar. El hueso que queda da un caldo estupendo para un potaje o unas legumbres.
¿Cuánto pesa un jamón ibérico entero?
Nuestros jamones enteros pesan de 7 a 8 kg y nuestras paletas de 4 a 5 kg. La normativa española fija un suelo, no una media: 5,75 kg para un jamón 100 % ibérico y 3,7 kg para una paleta 100 % ibérica.
Fuentes
- Real Decreto 84/2026, de 11 de febrero, Boletín Oficial del Estado: módulos 5158 y 5159 del curso de especialización en maestría de corte y cata de jamón y paleta curados. Nombres de las zonas, nombres de los huesos y criterios de apreciación visual.
- Real Decreto 4/2014, artículos 2 y 12: definición anatómica del jamón y de la paleta, pesos y duraciones mínimas.
- Manual del cortador, Escuela Europea de Cortadores de Jamón: orden de corte y elección de la cara de inicio.
- Posiciones de las zonas, perfiles de cata y práctica de corte: nuestro trabajo diario. A día de hoy no se ha publicado ninguna proporción de hueso ni ningún rendimiento; no adelantamos ninguno.
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Escrito por
Valentin y Pablo
Fundadores de LOLO Jamón
Seleccionamos nuestras piezas en los secaderos de la dehesa salmantina, y las cortamos todo el año.
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Jamones de 7 a 8 kg y paletas de 4 a 5 kg, bellota o cebo de campo, dehesa salmantina.
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